#soyperiodista por días como este

Escasean más que abundan, pero hay días en los que esta profesión nos permite a los que nos dedicamos a ella, humanizar la información con historias reales que ponen cara a las cifras con las que la crisis nos sorprende cada día.

Esta semana han sido los datos de población. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE),  casi 1 millón de personas han emigrado de España desde enero de 2011. De ellas, la mayoría son inmigrantes residentes en nuestro país que están retornando a sus países de orígen. Pero también existe un gran porcentaje de españoles que se van al extranjero en busca de una oferta laboral que España no les puede ofrecer.

Cuando salí a la calle en busca de esas personas, creía que yo necesitaba más de ellas que ellas de mí y, al final, fue recíproco. Querían contar su historia, necesitaban hacerlo y en el caso de Richard, no le importó que incluso el sitio para hacerlo fuera su propia habitación en la que vive de alquiler en un piso compartido con más inmigrantes. Llegó a España hace cinco años pero lleva 3 en paro. Con un niño y su mujer, que sólo trabaja a media jornada, sus días aquí empiezan a ver su fin. Me reconoció no saber si la situación “allá está mejor que acá pero para estar igual, al menos en Bolivia tengo a mi familia cerca.” No se quitó la gorra que llevaba en ningún momento…lo interpreté como su particular manera de no querer mirar hacia otro lado que no fuera hacia delante. Donde por primera vez, el futuro pintaba mejor que el pasado. Un pasado no muy lejano para Óscar. De sus 34 años, los últimos 8 los ha vivido en España y tiene lo que te piden en todos los trabajos: experiencia.

En la construcción, en la hostelería, en el reparto, en la carga de mercancías, en la mecánica…es lo que yo llamo un licenciado en dirección y administración de “lo dura que es la vida”. Lo dejó todo atrás y se vino sólo a España, concretamente a Sevilla. Es al que más le costó contarme quién era, cómo había llegado aquí y, lo más importante, por qué ha decidido volver a su país. Sólo nos puso una condición: “quiero que en el plano de la entrevista salga ese cuadro” dijo señalando a uno que tenía la bandera de Bolivia. Le explicamos que no podría ser. Estaba colgado casi en el techo. Pero aún así, con su  ánimo algo más bajo que el amor a su patria, nos contestó a mis preguntas: “con toda la experiencia que tengo llevo ya 3 años sin trabajo. No sé si en mi país estará mejor pero dudo que esté peor.” No muy lejos, ni de ese pensamiento ni del bar donde dejamos a Óscar, dimos con Gina. Nos contó su historia con una sonrisa y una empatía que no habría imaginado antes de conocerla. Estaba charlando con una amiga en un locutorio frente al ordenador en el que buscaban trabajo. Yo no ví la pantalla por lo que mi pregunta les resultó redundante: -“¿estáis en el paro?” -“Si”, contestó Gina con su característico acento boliviano. “Llevo un año buscando trabajo y nada” Yo le volí a preguntar,  -“¿Y te has planteado volver a tu país a buscarlo porque allí la situación haya mejorado desde que te fuiste?” A lo que Gina no sólo respondió que si, sino que sus amigos compatriotas de Bolivia le contaban que, gracias a los que un día se fueron hoy la situación en su país es más halagüeña que la del nuestro.

Piénsalo. Un día todos esos españoles que ahora se han tenido que ir, entre ellos muchos amigos y compañeros míos, volverán en un futuro a nuestro país como ahora Óscar, Richard o  Gina vuelven al suyo. Con la diferencia de que a gran parte de los que están emigrando, le hemos costeado una educación pública en nuestro país que ahora va a generar beneficios en otro.

Es la cuarta historia, la cuarta cara, la cuarta persona que nos contaba que tenía que hacer el viaje más difícil de todos: el de emigrar sin fecha de vuelta. Arquitecto de 38 años, (también licenciado en Ingeniería de Telecomunicaciones pero sin ejercer), con su propio estudio en Sevilla y con trabajo de autónomo desde que acabó la carrera,  en pocos días Carlos va a estar en Colombia construyendo allí el presente que aquí nadie le quiere pagar.

Me dijo dos frases que no he querido olvidar hasta poder dejarlas por escrito aquí.

La primera es: “con los impuestos que he pagado este año podría haber dado empleo a 3 personas” y la segunda es: “me voy para volver. O eso creo”.

El otro día leía los motivos de otros compañeros en Twitter en el hastag #soyperiodista, que llegó a ser TT. Desde los más reales a los más utópicos, pero el mío no estaba entre ellos.El mío no cabía en 140 caracteres y por eso he preferido explicaros, hoy y aquí, que por contar las historias de valentía y superación que hay detrás de esos cuatros rostros (ejemplos de muchos más) elegí este oficio y que #soyperiodista por días como este.

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Una respuesta a #soyperiodista por días como este

  1. Proporcionalmente hay mas paro en este sector que en la construcción. Según datos recientes, unos 8.000 periodistas profesionales en el paro. #soyperiodista.

    PERO LA COSA NO QUEDA AHÍ

    – CONCENTRACIÓN DE PERIODISTAS Y LECTORES –

    DÍA 9 DE NOVIEMBRE A LAS 18:00 EN SOL

    * Contra el malbaratamiento de una profesión y el ERE de El País (1.800) *, EL DESMANTELAMIENTO DE OTROS DIARIOS Y EDITORIALES Y LAS PRIIVATIZACIONES DE LAS TELEVISIONES AUTÓNÓMICAS Y LOCALES.

    Gracias.

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