INFORMATIVOS CUATRO Y CNN+ ANDALUCÍA-Día 67 como becaria

Atrás queda el Septiembre más raro de mi vida. El mes que, desde que tengo uso de razón, había significado el comienzo de un curso, esta vez no significaba el comienzo de nada. Nada de nuevos materiales, nada de matrículas, nada de volver a ver a los compañeros, nada de profesores… nada. Y por un momento me he sentido mayor, responsable, madura…menos mal que, como digo, solo fue por un momento. Al instante me dí cuenta de que el final de septiembre también significaba el principio de este octubre. Aplastante, ¿verdad?. Pues lo es porque si me paro a echar cuentas, me encuentro justo en el ecuador de estas prácticas. Tres meses por detrás y tres meses por delante. Si rápidos se me han pasado los primeros, no quiero imaginar los tres últimos. O digamos los tres siguientes, que suena mejor.

Y todo esto me lo he planteado hoy. Justamente hoy. El que seguramente ha sido uno de los días más cómplicados de los que llevo relatados. Y eso que todó empezó con lo que venía siendo un simple y llanoAutobús del cerebro“. Se trata de una iniciativa de la Sociedad Española de Neurología que, recorriendo diferentes ciudades, informan a la sociedad sobre los beneficios de proteger, conocer y mantener nuestro cerebro activo. De ahí que el eslógan sea: “Tu cerebro es vida, cuídalo”. Hasta aquí todo bien.

Llegamos Jhonatan (cámara) y yo al autobús aparcado en la calle San Fernando. Nos atiende la chica de prensa que me explica cómo funciona todo y seguidamente me presenta a Jerónimo Sancho, presidente de la Sociedad Española de Neurología. Una vez realizada la entrevista, subimos al autobús donde elegí a una chica para que fuera la protagonista del vídeo y que, a través de ella y de su experiencia, los espectadores fueran viendo en qué consisten cada uno de los talleres. También tomé algunos totales (declaraciones) a personas de la cola y a los neurólogos que dirigían cada taller. Hasta aquí todo seguía yendo bien. Peeeeeeeeeeero… cuando llegamos a la redacción, ciertos problemas técnicos y un total desconocimiento por mi parte de que pudiera hacer una medianilla (aparición mía en cámara en el lugar de la información explicando algunos datos) para la pieza, hicieron que tuviéramos que volver más tarde a grabar todo de nuevo. Como véis, aquí dejó de ir todo bien. Aunque no fue el único momento. De camino por segunda vez al “Autobús del cerebro”, un señor que debía tener un brazo de acero, porque sino no me lo explico, se enganchó con la cámara que mi compañero llevaba colgada al hombro arrancando de cuajo la mirilla. Vuelta a la redacción con un Jonhatan (cámara) más que cabreado consigo mismo y el desánimo de que todo parecía estar en nuestra contra. Y cuando digo todo, es TODO. Porque una vez puesta la mirilla ‘medioqué’ en la cámara, volvimos por tercera vez a tomar el camino hacia el “Autobús del cerebro” que, paradójicamente, más quebraderos de cabeza me ha dado. Lo importante era sacar el vídeo para adelante. Esta vez conseguimos llegar sanos y salvos al emplazamiento. Todo funcionaba bien: los visitantes haciendo sus tests de memoria, el plasma con vídeos sobre el cerebro, la camilla muy solicitada…cuando de repente… se va la luz. Todos en el autobús a oscuras y un técnico sube: “vayan saliendo que tenemos que cerrar porque nos hemos quedado sin gasolina”. Yo con mi ataque de risa nerviosa guardé el micro como buenamente pude y mirando a Jonhatan (cámara) con cara de “quién nos pone la pierna encima”, bajamos por última vez del “Autobús del cerebro” y de nuevo vuelta a la redacción con cuidado de no coger por las vías del metrocentro (por lo que pudiera pasar) y, lo peor de todo, sin vídeo.

Lo que más me gusta de tener un jefe que también es redactor es que sabe los condicionantes que existen cuando uno sale a la “guerra”, también conocida como la calle. Por eso Juan Tortosa (jefe y redactor) lo primero, de una larga conversación, que me ha dicho ha sido: “Llorar por la leche derramada no sirve de nada”. Y si algo he aprendido hoy es que lo que importa es saber ordeñar a la vaca, por seguir con la metáfora. Ha sido la primera vez que no he podido cerrar un vídeo. Evidentemente los “¿y si…?” aparecen. “¿Y si nos lo hubieran pedido de Madrid para emitirlo”?, “¿y si esto me hubiera pasado con la cumbre de la OTAN?”, “¿y si en vez de a Juan tuviera a otro jefe?”, “¿y si en vez de salir otra vez a grabar me hubiera quedado al primer fallo en la redacción”? Pues efectivamente todos estos “¿y si?” son probables y con ellos debemos lidiar día a día. Al lado de esto, aprender a hacer totales, a ser natural en un directo, a montar vídeos o a escribir textos para la imagen, lo veo hasta fácil.

Y aún así me ha gustado el día de hoy (claro está, esto lo digo unas cuantas horas después). No sólo porque Juan haya querido que terminara bien el día regalándome una invitación (y menuda invitación) para la Bienal de esta noche, sino porque he aprendido más que en cualquier día de coberturas, de guardias en juzgados o de vídeos de calor, a pesar de que Murphy hoy, se ha despachado a gusto.

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