DIARIO DE JEREZ – Día 31 como becaria

A menudo me pasa que por las prisas del día a día no sé valorar lo que tengo más cerca. En este caso se trata de mi madre. Ella siempre quiso estudiar una carrera pero por la situación económica de la época no pudo, pero siempre le estará eternamente agradecida a su hermano Manolo (mi tío) que le pagó una academia para prepararse unas oposiciones que a día de hoy le han hecho llegar a donde ha llegado. (Aún no ha logrado hablarme de este tema sin emocionarse). Todo esto viene a caso de que cuando le doy un beso antes de irme a las prácticas o cuando vamos a la playa y me ve leyendo “El estilo del Periodista” (del gran Álex Grijelmo) incluso cuando le pido 250 euros para pagarme un curso de radio y televisión que la COPE organiza en Sevilla durante una semana de septiembre, ella también está viendo cumplido el sueño que no pudo realizar. Y no sabe decirme que no. Por eso cuando hoy le he preguntado si entre sus miles de películas tenía una que se llama “Primera Plana“, del maesto Billy Wilder, no ha parado hasta que la ha encontrado y la hemos visto después de cenar. Mi intención por ver esta película viene de una tarde de domingo en la redacción sentada en la mesa colindante a la de Juan Pedro Simo, el redactor jefe. Hablábamos de cine. Empezó él con un clásico, “Todos los hombres del presidente“. A lo que yo le respondí con una versión mucho más moderna y, en mi opinión, desmerecida de dicha película y que casualmente había visto hace poco: “El desafío: Frost contra Nixon“. Entonces él, haciendo uso del “más sabe el diablo por viejo que por diablo”, me dejó tocada: “¿Has visto ‘Primera Plana’?” . Y hundida: “No”.

Un peliculón donde los haya. Una crítica irónica sobre el código ético y el valor de la honestidad ya no sólo de los periodistas norteamericanos sino de los demás personajes que poco a poco van entrando en la escena como, por ejemplo el convicto Earl, el sheriff Hartman y el médico alemán Eggelhofer.

Sumando a todo esto la difícil situación en la que se encuentra el protagonista cuando tiene que decidir si continuar con su trabajo como periodista, su mayor pasión, o dejarlo todo por casarse con la mujer de sus sueños e irse a otra ciudad a trabajar en Publicidad. (Una situación más real de lo que la gente se puede imaginar debido al tiempo que hay que dedicarle a este oficio…)

Lo dicho, una dura crítica a la prensa más amarilla llevada a cabo mediante el género de la comedia que tan maravillosamente sabe conducir Billy Wilder, a pesar de que en este caso se adelantara un poco a la época en la que se encontraba el cine en 1974. Las duras críticas que recibió la película y los pocos galardones que consiguió, hicieron que Wilder no volviera a ser el mismo. Una pena sabiendo que podía hecer obras maestra como esta.

Lo peor (o lo mejor) de todo es que mientras buscábamos esta película, mi madre ha encontrado toda una colección de cine sobre periodismo que EL MUNDO ofrecía gratis al comprar el dominical y que tiene títulos muy interesantes.

Creo que mis noches van a empezar a ser un poco más largas de lo normal…

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