Reportaje – “Embarazos adolescentes”

EL FUTURO EN BRAZOS

Irene Azcutia Tenorio.

“Antes de ser hijos deberíamos ser padres, sólo para saber valorar lo que son capaces de hacer por nosotros”. Vanesa Gómez, a la que le gusta que la llamen “Vane”, se ha levantado a las 6.30 de la mañana, se ha duchado, se ha tomado un café y ha despertado a Juanjo para darle el pecho. A las 7. 30 horas Loli Álvarez, la madre de Vane y abuela, por tanto, de Juanjo, lleva a éste de nuevo a su cuna mientras Vanesa se cuelga su mochila y se va para el Instituto, que es donde un miércoles a las 8.00 están todas las chicas de su edad, 16 años.

Así comienzan todos los días en la vida de Vane desde hace cuatro meses, cuando decidió volver al Instituto de Educación Secundaria de La Merced, tras ausentarse durante el pasado curso escolar, para dedicarse a cuidar del bebé que tuvo con tan sólo 15 años.  “Juanjo ha sido fruto de lo que en mi barrio conocemos como el `aquí te pillo, aquí te mato´  y aunque ahora es lo mejor que me ha pasado en la vida, si pudiera volver a atrás, no volvería a hacerlo”.

En España, el porcentaje de embarazos no deseados sigue en aumento, pasando del 9,9 % en el año 2004 al 12, 1% en 2008. A pesar de ello, casi un 50% de estas adolescentes, optaron por la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) aunque las tasas del IVE  se elevaron en todos los grupos de edad. Concretamente, en el año 2007, el 38,8% de las mujeres que tuvieron una IVE tenía menos de 24 años y, además, en el mismo año, el 32,4% de las mujeres que abortaron lo habían hecho ya anteriormente una o más veces.

Suena el timbre que indica el comienzo del recreo. Vane saca su bocadillo de una bolsa de plástico, lo desenvuelve  y mete una pajita en su zumo de melocotón. De fondo se oyen los gritos de pequeños proyectos de futbolistas gritando: ¡Pásala! o ¡aquí! Las niñas, más tranquilas, se sientan en los diferentes bancos que hay repartidos por el claustro de columnas que rodea al patio de fútbol. Muchos compañeros de clase pasan por delante de Vane pero no le saludan.

“Por miedo, decidí no contar nada en casa hasta que fuera seguro y por eso pedí a unas amigas de clase que me acompañaran a hacerme el test de embarazo. Salió positivo y en dos días adiós amigas”. Vane le da un bocado al bocata y agacha la cabeza. “¿Sabes cómo me llamaban? La ballena con moraleja”.

Tal y como afirma Jesús Delgado Sanz, psicólogo perteneciente al Departamento de Orientación del Instituto, “el embarazo adolescente es un paso forzado de la joven a la edad adulta. Ella ya no se ve como una niña, sus preocupaciones y prioridades cambian en un tiempo mínimo. Sus amistades no han experimentado este cambio y, por tanto, no la entienden y llegan a hacerle lo que se denomina un `vacío social´. Debemos insistir más en la educación sexual”.

Según datos comparativos de la Federación de Planificación Familiar, los países en los que se imparte educación sexual y el acceso a anticonceptivos es sencillo, poseen cifras más bajas de embarazos adolescentes. Los expertos recomiendan a los padres ofrecer a los menores algo más que educación sexual de emergencia sobre embarazos y anticonceptivos y perder el miedo a hablar de sexualidad, que aun hoy existe en sociedades tan avanzadas como la nuestra.

Vanesa hace un esfuerzo y recuerda el día que llegó a casa, soltó la mochila, sentó a sus padres en el sofá grande del salón y se lo contó. Asegura que tenía pensado todo un discurso lleno de excusas y arrepentimientos  pero cuando los tuvo frente por frente sólo le salieron dos palabras: “Estoy embarazada”. Seguidamente rompió a llorar. “Mis padres pasaron del cabreo al `no estás sola, estamos contigo´ en cuestión de minutos”. Desde entonces ella reconoce, de una forma muy madura, que si fuésemos padres antes que  hijos sabríamos valorar lo que ellos son capaces de hacer por nosotros.

Suena el timbre. Finaliza el recreo. Todos los niños corren hacia la escalera que lleva para las aulas. Vane tira el papel de plata y el zumo a la papelera y sube a la segunda planta del edificio. Llega a su clase y el tutor les indica que van a desplazarse al aula magna porque las dos últimas horas van a recibir una charla.

Ante la incertidumbre de todos los alumnos de 15 y 16 años que, al igual que Vane se encuentran ya sentados, una mujer de pelo corto y rizado pasa a la sala y deposita un maletín marrón sobre la mesa más grande. Apaga la luz y conecta el proyector. En la pared de enfrente empieza a parecer una imagen. Se trata de un dedo pulgar en señal de “ok” con un preservativo puesto sobre el dedo. Unas letras impactan sobre la imagen y todos pueden leer: “Educación sexual para adolescentes. Una información adecuada permite elegir libremente”.

Ante las risillas de muchos, las miradas de otros y los comentarios fuera de lugar de la mayoría ante el tema, el tutor pide silencio y Sara Garrido, educadora social, comienza su charla con una pregunta: “¿Cuántos de aquí habéis hablado con un adulto de sexo?”. De 34 alumnos que hay en la sala, sólo tres levantan la mano, entre ellos Vanesa.

En demostraciones como esta es donde reside el problema. Los adolescentes poseen información, pero mucha de ella equivocada y de fuentes poco fiables, como internet. Mientras, padres e hijos siguen la regla de… “Tú no me preguntas. Yo no me meto”.

La educadora, sigue con su exposición hablándoles de las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) pero haciendo especial hincapié en que para prevenir estas y otras infecciones de transmisión sexual es importante el uso del preservativo en las relaciones sexuales, así como una higiene adecuada.

Según un Estudio sobre Conductas de los Escolares relacionadas con la Salud del 2006, el preservativo es el procedimiento utilizado por el 87% de adolescentes que han tenido relaciones sexuales coitales. Por el contrario, el procedimiento de la “marcha atrás” fue utilizado por el 12% de los adolescentes que han mantenido relaciones sexuales.

En este momento, Sara Garrido hace una pausa y enciende la luz ante la mirada expectante de los alumnos. Abre el maletín y extrae de él un plátano ante las carcajadas y las bromas fáciles de los adolescentes. La educadora señala a un niño un poco más alto que el resto que destaca por su risa desmesurada y le pide que se acerque a ella. Seguidamente le pregunta que si ha puesto alguna vez un preservativo, ante lo que el chico reconoce que no. Le saca un preservativo del maletín y le invita a ponerlo en el plátano siguiendo las instrucciones que ella le va a dar. Las risas de sus compañeros aumentan aunque el chico no parece avergonzarse.

“El movimiento se demuestra andando y este tipo de demostraciones que hago con los diversos métodos anticonceptivos puede resultar agresiva, pero a la larga está comprobado que, debido al propio impacto que le causa al adolescente, éste retiene la información y ese es nuestro objetivo”, asegura Sara Garrido una vez finalizada la charla y sin estar los alumnos presentes.

Para despedir la hora y media de educación sexual que han recibido estos jóvenes, Sara vuelve a apagar la luz y conecta el proyector para que visualicen la última campaña que se ha puesto en marcha desde el Ministerio de Sanidad y Consumo para la prevención de embarazos no deseados. Muchos de los alumnos tararean la canción a modo de rap que acompaña al anuncio mientras otros ríen y hacen gestos de rap con las manos aunque ninguno aparta la vista de la pantalla. Bajo el eslogan “yo pongo condón”, se intenta transmitir a los adolescentes que vivan su sexualidad de una manera saludable.

Pero como todos los esfuerzos por conseguirlo son pocos, el Ministerio de Sanidad va más allá y cumpliendo con su “Estrategia de Salud Sexual y Salud Reproductiva”, en los próximos meses se llevarán a cabo dos estrategias muy concretas. Por una parte, se van a reducir los precios de los preservativos bajo un convenio del Gobierno con las farmacias. Y por otra parte, cerca de 250.000 preservativos serán repartidos a los adolescentes a través de revistas juveniles.

Si Vanesa hubiera tenido la posibilidad de recibir toda esta información un año y cuatro meses atrás, habría una mayor probabilidad de que las prioridades en su vida fueran distintas. Ahora le toca llevar su futuro en brazos, pues mientras ella ha vuelto al Instituto sólo por un año, con el objetivo de obtener el título de ESO para conseguir un trabajo y sustentar a su hijo, el resto de sus compañeras sólo piensan en la especialidad de Bachillerato que elegirán el próximo curso, ya que éstas aún tienen todo un futuro por delante que decidir.

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