¿Cómo volver cuando en realidad nunca te fuiste? ... Sinceramente no lo sé pero esa es la sensación que tengo ahora mismo. Echando la vista a atrás, cada día tenía muchas cosas que contar pero poco tiempo para hacerlo. Intentaba robarle horas al sueño pero enseguida saltaba la alarma de seguridad indicándome que era preferible dormir, descansar, pausar. Y más de una, de dos y de tres, me he quedado planchando el cachete sobre el teclado encontrándome al día siguiente con la misma estampa: un post inacabado. Hasta que el otro día me pasó algo muy curioso.
Para situarnos: día libre. Tiempo para mí. Decido leer. Pero como mujer que soy, no me basta con hacer una cosa. Me faltaba otra que compatibilizar. Me decanto por tomar el sol. Y comienza el ritual: ponerse el bikini, tirar la toalla, recogerme el pelo, un poco de “yo me doy cremita” y (ojo al dato) me quito el reloj para que no me deje marcas. De pronto la acción más simple provoca una reacción inmensamente grande…comprendí que si lo que más me gusta de tomar el sol es que me obliga a deshacerme del reloj, lo que más me gusta de quitarme el reloj es que yo puedo hacer con el tiempo lo que me dé la gana. Y dejé de tomar el sol para empezar otro ritual: saqué mi portatil del maletín, lo enchufé porque preveía que iba para largo, lo abrí, introduje la contraseña, entré en Internet, pestaña del blog y en los borradores de las entradas ahí estaba un viejo conocido: este post a medio redactar, fiel reflejo de mi vida, siempre a medio escribir.
Aunque he de reconocer que el capítulo que estoy escribiendo ahora es el más feliz, con diferencia, de cuántas páginas llevo publicadas. El oficio más bonito del mundo me ha correspondido con mi primer contrato de trabajo y cuando este se suma a las ganas, la ilusión, la pasión por contar historias y la capacidad de compartirlas, este blog cobra más sentido que nunca. Hoy vuelvo por aquellos que en algún momento me lo pidieron. Hoy vuelvo porque nunca dije que no lo fuera a hacer. Hoy vuelvo porque ya perdí demasiado el tiempo en hacer otras cosas que tenía menos ganas de hacer. Hoy vuelvo sin haberme ido del todo.
Y de tanto volver, también he vuelto a donde dejé el reloj antes de tumbarme a tomar el sol. Las horas han pasado por él sin que las agujas pudieran hacer nada por evitarlo. Dudo entre dejarlo para siempre ahí o devolvérselo a mi muñeca. Quitarte el reloj no significa que hayas perdido al tiempo sino todo lo contrario, que lo has encontrado en lo que realmente querías gastarlo.
Hoy lo he querido gastar en volver a mi blog. Al que con tanto cariño un día diseñé y adapté para hablar del pilar central de mi vida: el periodismo. Muchos creían que me había rendido. Esos no me conocen. Al resto, gracias por esperar. He vuelto al tiempo pero también a tiempo.
Tic, tac. Tic, tac. Tic, Tac…





